Resumen

La algorética, término acuñado por Paolo Benanti (2023), designa el marco ético dedicado al desarrollo y despliegue de la inteligencia artificial. Este artículo sostiene que la algorética opera como continuidad institucional y conceptual de la bioética católica, antes que como campo enteramente nuevo. La hipótesis se apoya en cuatro elementos: la genealogía de documentos pontificios que va de Humanae Vitae (1968) a Magnifica Humanitas (2026), la persistencia de categorías como dignidad humana, persona y límite, los aportes de los estudios sociales sobre la religión que estudian la adopción, resistencia y nuevas escatologías de la inteligencia artificial. Se propone una agenda de investigación centrada en la composición de los comités de ética algorítmica y la circulación transnacional de expertos religiosos en gobernanza tecnológica.

Palabras clave

algorética, bioética, inteligencia artificial, religión, creencias, gobernanza tecnológica, postsecularismo, Magnifica Humanitas

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De la bioética a la algorética: una pregunta que migra

La bioética se consolidó a mediados del siglo XX como respuesta a un conjunto de problemas concretos en el campo de la biomedicina: experimentación con seres humanos, decisiones de fin de vida, técnicas de reproducción asistida, anticoncepción, trasplantes, justicia en la asignación de recursos sanitarios. Su tarea consistió en construir un lenguaje común para situaciones donde la medicina dejaba de tener una respuesta única. Daniel Borrillo y Raymond De Vries ofrecen definiciones sobre la bioética relacionadas con la supervisión  moral de las prácticas médicas. Con el tiempo, ese lenguaje se institucionalizó en comités hospitalarios, comisiones parlamentarias, curso y manuales universitarios en el ámbito sanitario con la participación de especialistas de otras disciplinas. La bioética es un campo interdisciplinario.

La algorética aparece ya avanzado el siglo XXI con un movimiento parecido. El término circula desde su introducción por Paolo Benanti, franciscano y asesor del Vaticano en cuestiones de inteligencia artificial. El autor propone pensar la ética algorítmica más que como un “sistema de frenos”, como un marco integral que pregunta por la finalidad de la tecnología y por su alineación con los valores humanos, la transparencia y la justicia. La metáfora que usa es la del “guardarraíl”, el límite que ordena el camino sin clausurarlo.

La discusión técnica sobre cómo funciona un modelo de lenguaje queda subordinada a una discusión sobre para qué sirve, con foco en la transparencia y la trazabilidad.

Por qué importa este desplazamiento

Cuando la pregunta pública pasa del cómo al para qué, cambia quién está autorizado a responder. Los ingenieros y las ingenieras pueden explicar el cómo. El para qué, en cambio, requiere un lenguaje sobre fines, valores y horizontes de sentido. En sociedades postseculares, en el sentido que Habermas le dio al término en 2008, ese lenguaje sigue disponible en las tradiciones religiosas y, en particular, en una tradición católica que pasó décadas refinando categorías como dignidad, persona, vocación y límite.

La presentación de la encíclica Magnifica Humanitas por parte del papa León XIV en mayo de 2026, primera encíclica dedicada al cuidado de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial, es un dato relevante para medir la velocidad de este proceso.

La inteligencia artificial y las religiones

Robert Geraci viene mostrando, desde su libro Apocalyptic AI hasta sus textos más recientes, que el discurso transhumanista hereda estructuras de la escatología judeocristiana. La Singularidad funciona como promesa de salvación, la transferencia de la mente a sustratos inmortales como variante de resurrección, la superinteligencia como figura de redención cognitiva. Nick Bostrom, desde 2005, definió el transhumanismo como un movimiento interdisciplinario orientado a expandir la condición humana mediante ingeniería genética, tecnologías de la información, nanotecnología molecular e inteligencia artificial.

Estas promesas no compiten con la religión organizada, conviven con ella y a veces la activan. Beth Singler, en su trabajo sobre religión e inteligencia artificial, documenta dos respuestas institucionales contrastantes. Las iglesias aceptan herramientas administrativas, asistencia para sermones y acompañamiento en la oración y resisten cualquier delegación de las funciones sacerdotales. Se generan controversias en torno a la nociones de alma, sabiduría y empatía que se consideran intrínsecamente relacionados a la divinidad. Singler y otros autores, como Watts y Wilks (2024), describen este patrón en distintas tradiciones religiosas.

La literatura sobre religión e IA concuerda en que el progreso tecnológico no elimina lo sagrado sino que lo reconfigura y, que estamos ante un nuevo re-encantamiento del mundo, dejando de lado definitivamente la tesis clásica de la secularización. Como sintetiza Singler, inteligencia artificial y religión se entrelazan generando nuevas mitologías y sentidos.

Una continuidad anclada en la encíclica Magnifica Humanitas

Si se leen en serie cuatro documentos pontificios separados por casi sesenta años, se observa una continuidad con la tradición de la protección de la vida y la persona humana (desde la concepción) en el catolicismo. Humanae Vitae (Pablo VI, 1968) sobre regulación de la natalidad, Donum Vitae (Congregación para la Doctrina de la Fe, 1987) sobre reproducción asistida, Evangelium Vitae (Juan Pablo II, 1995) sobre aborto y eutanasia, y Magnifica Humanitas (León XIV, 2026) sobre inteligencia artificial comparten presupuestos ontológicos, sobre la unidad cuerpo-alma, sobre los límites en torno al dominio sobre el propio cuerpo y la dignidad.

La persona humana se concibe como unidad de cuerpo y espíritu, imagen de Dios, dignidad que precede y excede al individuo. El valor de la persona reside en su ser, no en su rendimiento ni en su producción y hay límites infranqueables en torno al cuerpo: la finitud, la enfermedad y la vulnerabilidad son propios de la humanidad, no espacios a “corregir” o mejorar.  La persona humana no es materia perfectible o única autora de sí misma.

La línea argumentativa que une la tradición bioética con la de la algorética es un dispositivo conceptual estable que se aplica a problemas distintos manteniendo la misma estructura.

Tabla 1. La algorética como continuidad de la bioética en los documentos de la Iglesia Católica.

DIMENSIÓNHumanae Vitae 1968 · Pablo VIDonum Vitae 1987 · CDF / RatzingerEvangelium Vitae 1995 · Juan Pablo IIMagnifica Humanitas 2026 · León XIV
Fundamento ontológicoUna «visión integral» del ser humano: vocación natural y sobrenatural.El ser humano como corpore et anima unus, cuerpo y alma como una sola realidad; esta antropología funda el juicio biomédico.La vida es «sagrada e inviolable, refleja la inviolabilidad del Creador mismo».Imago Dei. La dignidad «precede y excede» a la persona.
Unidad cuerpo-espírituEl amor es «sensible y espiritual a la vez»; el cuerpo porta «leyes biológicas que son parte de la persona humana».«Ningún biólogo o médico puede pretender, en virtud de su competencia científica, decidir sobre el origen y el destino de las personas.»El alma es infundida; la persona es «imagen e impronta» de Dios.Unidad cuerpo-espíritu. El valor reside en el ser, no en el rendimiento ni en el producto.
Límite como dimensión constitutiva«Límites infranqueables» al dominio del hombre sobre su cuerpo; nadie puede transgredirlos.Se requiere un criterio para «procedimientos dirigidos a la mejora de la condición biológica humana»,.«El hombre no es el dueño absoluto e indiscutible juez de la vida, sino el administrador del plan del Creador.»Finitud, enfermedad y vulnerabilidad son «el espacio donde madura lo humano»,
Contra la autonomía radicalLos esposos «no son libres de proceder arbitrariamente, como si pudieran determinar autónomamente los caminos lícitos».La ciencia y la tecnología deben servir a la persona; no pueden definir su origen ni su destino.Rechazo de la «actitud prometeica» de convertirse en «señor de la vida y de la muerte».La persona humana no es «materia perfectible o superable»; rechazo del «único autor de sí mismo».

La mirada de las ciencias sociales

Mi investigación en ciencias sociales bioética, creencias y salud documentó, a lo largo de los últimos quince años, una comunidad religioso-epistémica organizada en torno al personalismo católico. Esa comunidad articuló tres niveles de pertenencia: una cúpula internacional vinculada a la Academia Pontificia para la Vida, que a niveles nacionales y locales entrenan a expertos para intervenir en comisiones parlamentarias, comités hospitalarios y ámbitos judiciales. La intervención pública se legitimó por la vía del expertise: el Estado convoca a la autoridad científico-bioética cuando se trata de dirimir conflictos de intereses sobre cuestiones de vida y muerte.

El traslado de este dispositivo a la algorética está en curso. La pregunta empírica que estoy explorando es si la composición de los comités de ética u organismos asesores en inteligencia artificial, los criterios de selección de expertos y los marcos conceptuales movilizados reproducen patrones que ya conocemos del campo bioético. Hay algunos indicios. La participación de expertos científico-religiosos en grupos de trabajo gubernamentales  y en organismos supranacionales, el Rome Call for AI Ethics y las redes académicas que conectan universidades católicas con think tanks tecnológicos forman parte del mismo paisaje. También los vínculos entre los grandes desarrolladores de IA de Sillicon Valley y el Vaticano.

Una nota final, no concluyente

La algorética se enmarca en una tradición que llega a un terreno donde la bioética ya enseñó la formas en que se construye una ciencia oficial de protección moral de lo viviente (Borrillo, 2011) con lenguaje secular y autoridad transversal (Vaggione, 2005). El ejercicio de poder a través de la expertise (Bantigny, 2011) es un mecanismo que ya ha probado su utilidad como intervención pública  e influencia simbólica en los problemas públicos (Gusfield, 1980) Las categorías que parecen nuevas en los debates sobre IA llevan años en circulación, y se adaptan a los tiempos contemporáneos.

¿Qué qué partes del dispositivo bio-algor-ético siguen funcionando y qué partes mutaron?

Preguntas que quedan abiertas

Dos cuestiones aparecen como pendientes y las dejo planteadas como futuras líneas de indagación más que como conclusiones cerradas.

En relación a la gobernanza reproductiva, es decir, los mecanismos a través de los cuales distintas configuraciones históricas de actores, entre ellos Estados, instituciones religiosas, instituciones financieras internacionales, ONG y movimientos sociales, recurren a controles legislativos, incentivos económicos, la moral (moral injuctions), coerción directa e incitaciones éticas para producir, monitorear y controlar los comportamientos reproductivos y las prácticas poblacionales (Morgan y Roberts, 2012)

1) ¿Quién gobierna la reproducción cuando ya no se la nombra de manera directa en los marcos éticos?. Si la metafísica que prohibía la contracepción y la fecundación in vitro viaja embebida en categorías como dignidad y límite dentro de los documentos sobre inteligencia artificial, identificar y discutir esa gobernanza requiere más lecturas e investigación

2) ¿Qué persona humana y qué cuerpos y configuraciones familiares quedan inscritos en el diseño de la IA a través de la Algorética?. A medida que expertos católicos intervienen en el diseño marcos éticos sobre IA, en nombre de la protección de la humanidad ¿qué humanidad estamos protegiendo? ¿estamos ante una restauración y consolidación del Cis-hetero-patriacado de la mano de la tecnocracia y las religiones?

Referencias

Bantigny, L (2011). Usages, mésusages et contre-usages de l’expertise: une perspective historique. Histoire@Politique, 14, 14. Disponible en:
» http://www.histoire-politique.fr/index.php?numero=14&rub=dossier&item=136

Benanti, P. (2018). Oracoli: Tra algoretica e algocrazia. Luca Sossella Editore.

Benanti, P. (2023). The urgency of an algorethics. Discover Artificial Intelligence3(1), 11. https://doi.org/10.1007/s44163-023-00056-6

Bostrom, N. (2005). Transhumanist Values. Journal of Philosophical Research, 30 (Supplement), 3-14. DOI: 10.5840/jpr_2005_26

Geraci, R. M. (2010). Apocalyptic AI: Visions of Heaven in Robotics, Artificial Intelligence, and Virtual Reality. New York: Oxford University Press.

Apocalyptic AI: Visions of Heaven in Robotics, Artificial Intelligence, and Virtual Reality (New York, 2010; online edn, Oxford Academic, 1 May 2010),  https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780195393026.001.0001

Habermas, J. (2008), Notes on Post-Secular Society. New Perspectives Quarterly, 25: 17-29. https://doi.org/10.1111/j.1540-5842.2008.01017.x

Irrazábal, G. (2016). La consolidación de una comunidad religioso-epistémica: la escuela sgrecciana de bioética. Revista de Ciencias Sociales, segunda época, 30, 35-51.

Irrazábal, G. (2015). Acerca de la emergencia y consolidación de la bioética como disciplina desde una perspectiva sociológica. História, Ciências, Saúde-Manguinhos, 22(4), 1121-1140. https://doi.org/10.1590/S0104-59702015000400002

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Morgan LM, Roberts EF. Reproductive governance in Latin America. Anthropol Med. 2012;19(2):241-54. doi: 10.1080/13648470.2012.675046. PMID: 22889430.

Peinado, F. (2026, mayo 26). ‘Magnifica Humanitas’: El papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del papa León XIV. The Conversation. https://doi.org/10.64628/AAO.5hsy93vkh

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Vaggione, J. M. (2005). Reactive politicization and religious dissidence: The political mutations of the religious. Social Theory and Practice, 31(2), 233-255. https://www.jstor.org/stable/i23555649

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Cita: Irrazábal, G. (2026, 30 de mayo) La algorética como continuidad de la bioética: inteligencia artificial, religión y creencias. Bioética y Sociedad. Estudios Sociológicos ISSN 2451-5256, Buenos Aires, CEIL-CONICET. Recuperado de http://www.bioeticaysociedad.com DOI: 10.13140/RG.2.2.12782.57923

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